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Paella de arroz con tropezones

Ingredientes
(para 4 personas):

  • 300 g. de arroz (de grano redondo)
  • 1 litro de caldo de pescado
  • 16 gambas
  • 16 chirlas
  • 16 mejillones
  • 150 g. de calamar
  • 1 cebolla mediana
  • 2 dientes de ajo
  • 2 dl. de aceite de oliva
  • Pulpa de pimiento choricero
  • Azafrán
  • Sal
  • Para el caldo de pescado:
    • 1 1/2 litros de agua
    • 600 g. de cabeza y espinas de pescado
    • Cáscaras de las gambas
    • 1 puerro
    • 1 cebolla
    • Sal



Elaboración:

  • Poner las chirlas en un recipiente con abundante agua fria y sal durante 1 hora. Pelar las gambas reservando las cáscaras para el caldo y limpiar el calamar y los mejillones. Preparar el caldo de pescado, cociendo en una olla a fuego moderado el agua con el resto de los ingredientes durante 40 minutos. Rectificar de sal y reservar. Escurrir las chirlas en la paella con 1 dl. de aceite a fuego fuerte hasta que se abran y retirarlas. Desechar las que no se abran. En la misma paella, saltear el pescado y los mariscos durante 1 minuto a fuego fuerte. A continuación, retirarlos. Incorporar el resto del aceite y rehogar a fuego suave los ajos y la cebolla picados finamente sin dejar que se doren. Cuando el preparado esté a punto, añadir la pulpa de pimiento choricero (1 cucharada de postre), rehogar unos segundos a fuego suave e incorporar el arroz. Saltear durante 1 minuto y medio, sin dejar de remover. Añadir 1 litro de caldo de pescado, previamente colado, procurando que esté muy caliente. Espolvorear el azafrán, sazonar y dejar que hierva a fuego moderado. Pasados 15 minutos, repartir sobre el arroz el pescado y el marisco que teníamos reservados, y los mejillones. Probar el caldo, rectificar el punto de sal al gusto y dejar hervir 3 minutos más a fuego suave. Retirar la paella de arroz del fuego, dejar reposar 5 minutos y servir.

 

Para que la paella de arroz con tropezones sea más digestiva es importante que el sofrito no se queme.

 

 


¿Sabías que...

La cebolla cambia su sabor por completo, de dulce a amargo, por efecto del calor. Si deseamos conservar su sabor natural, se ha de poner en aceite frío y a fuego bajo, hasta que adquiera un aspecto transparente. En cambio, en ciertos guisos y salsas la cebolla queda mejor dorada y menos dulce, para conseguirlo, se subirá la potencia del fuego.


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